Su piel ardía.
Cada centímetro de piel, cada recoveco de su cuerpo que sus manos tocaban parecía encenderse en pequeñas llamas tras su paso. Y esas llamas se avivaban con cada delicioso roce de sus cuerpos.
El calor era sofocante.
Pero ese calor empalidecía en comparación con el que se expandía dentro de su cuerpo. Con cada embestida, con cada penetración, sentía como el calor lo abrazaba desde sus entrañas y lentamente lo consumía todo. Esa llama se apoderaba de todo lo que tocaba y no podía hacer nada para evitarlo. No quería hacer nada para evitarlo. Simplemente hundirse en ella y convertirse en cenizas.
Con un último empujón el calor terminó por consumirlo y lo cegó del resto del mundo. Una luz blanca lo rodeó y ya no supo más nada. Todo perdió su sentido. Ya nada le importaba. Nada excepto el placer que lo envolvía, el cuerpo que se estremecía sobre él, dentro de él y el calor que lo consumía. Un sonido penetró la barrera, un susurro en su oído que lamía las llamas de deseo que lentamente comenzaban a extinguirse.
-Moyashi…
Poco a poco esa nube de vapor comenzó a disiparse y el resto del mundo volvía a entrar en foco. Parpadeó para ajustar su vista y eso fue suficiente para notar el fuego que aún brillaba tras aquellos ojos oscuros. Un escalofrío recorrió su cuerpo y pudo sentir como las brasas de ese fuego renacían de nuevo.
-Kanda…
El calor era sofocante.
Pero él era un masoquista y no tenía medio de jugar con fuego.
Es más, lo deseaba.
calm
